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Un mundo de hielo, ...
de estepas sinfín, viento, silencio, en los acantilados los cormoranes escrutando las olas, petreles volando y gaviotas chillando. Nubes que se persiguen. Por la noche hojas de luz que se estallan entre los sérac. En le espejo de agua se refleja inmenso el glaciar. Todo es silencio, luego, de repente, un fragor y una pared de cristal andino desaparece por un instante en el agua, después, casi fuera un juego, resurge balanceándose entre las olas que centellan alrededor. Lentamente el movimiento se apacigua y el frío cuerpo del iceberg se aleja de su casa y camina hacia el oeste, más y más pequeño, más y más líquido. Se derretirá en su nuevo elemento, aquella agua lechosa que corre, más y más veloz, a lo ancho del Rió Santa Cruz, hasta volverse salada y ascender la costa argentina, parándose bajo la mirada triste de los cormoranes. |